Este texto pretende ser simplemente un acercamiento a la vida de Ceferino, para quien quiera profundizar hay excelentes libros, como La sangre de la Tierra, de Ricardo Noceti.
Así mismo el símbolo indica una entrada que puede verse en el mapa interactivo de lugares de la vida de Ceferino (abre en una nueva ventana).

 

 

Ceferino Namuncurá nació el 26 de agosto de 1886. Cacique Manuel NamuncuráSus padres fueron Rosario Burgos y el cacique mapuche Manuel Namuncurá, hijo del célebre caudillo Calfucura. Namuncurá lideraba las Salinas Grandes y resistió valientemente mientras pudo las incursiones del Ejercito Argentino comandado por el Gral. Julio A. Roca en la denominada conquista del desierto. Tras la rendición en 1884 se estableció en la pequeña localidad patagónica de Chimpay, situada en pleno corazón del Valle Medio del Río Negro, cerca de Choele Choel (pcia. de Río Negro, Argentina).

El 24 de diciembre de 1888 fue bautizado con el nombre de Ceferino, en alusión al Papa homónimo cuya fiesta era el 26 de agosto.

Como nota de color es interesante la etimología del nombre, que proviene del nombre del viento céfiro (apropiado, considerando que el viento es un elemento característico de la Patagonia) cuya forma latina viene del griego ζωήν-φέρω, "que trae la vida".


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Ceferino con su mamá, Rosario Burgos, y un hermano

 

Ceferino pasó su infancia en Chimpay, alternando juegos infantiles con actividades de la tribu como aprender a montar, a cazar, juntar leña o cuidar del ganado. Los testimonios recogidos para la causa de canonización destacan su carácter servicial y el amor por su familia. Su madre contó que era común no encontrarlo en la mañana porque había salido temprano a juntar leña para evitarle el trabajo a ella. También los testimonios hacen referencia a su interés por la naturaleza; se cuenta que evitaba que en las cacerías mataran más animales de los necesarios para la alimentación de la tribu y que, por ejemplo, a los nueve años, mientras sus hermanos jugaban, construyó con sus propias manos un corralito para unas ovejas que cuidaba.

“Ceferino desde pequeño pensaba como hombre”, dijo su madre. Es por eso que la pobreza en que vivía su gente no le era ajena y a los once años le pidió a su padre que lo enviara a estudiar para, en sus palabras, “ser util a mi gente”.

Manuel Namuncurá, que había sido nombrado Coronel de la Nacion, viajó a Buenos Aires con Ceferino y acudió al General Luis Maria Campos -amigo y Ministro de Guerra y Marina-. Por su intermedio, el pequeño entró como aprendiz en el taller de carpinteria de la Armada en Tigre (actualmente Museo Naval de la Nación). Después de tres meses en el lugar le escribe a su padre para que lo saque ya que no consigue adaptarse. Acuden entonces al Dr. Luis Saenz Peña, ex presidente argentino, quien recomienda a los Salesianos. Ceferino en sus años escolaresEl 20 de septiembre de 1897 es admitido como interno en el colegio Pio IX ubicado en el barrio de Almagro, en Buenos Aires.

Los siguientes años alternará el estudio en Buenos Aires y las vacaciones de verano en Uribelarrea (pcia. de Buenos Aires) en la escuela agrotécnica Don Bosco. Aunque al principio le costó adaptarse a las normas y disciplina del colegio así como las materias de estudio, con el tiempo llegó a destacarse tanto en conducta como en aplicación. Sus compañeros y profesores dejaron testimonio de su sencillez y alegría:

“Siempre risueño, compuesto, alegre (…) En sus grandes ojos, ingenuos y limpios, había una sonrisa luminosa e infantil ... Sonriendo a los compañeros que pasaban junto a él (…) tenía para todos una sonrisa".

En el patio de la escuela y, sobre todo, en las vacaciones asombraba a todos con sus destrezas con el arco y los caballos. Se destacaba también en el canto, participaba en el coro del colegio (se cuenta que Carlos Gardel habría sido compañero de Ceferino y que este le habría ganado en un concurso de canto, la historia es discutida por investigadores gardelianos).

El colegio fue también el escenario del encuentro con el Evangelio;

“este adolescente araucano, diferenciándose mucho de sus coetáneos, manifestaba un insólito vigor y agudeza mental, y se mostraba pronto para aprender y obedecer. Casi espontáneamente su corazón se sentía impulsado hacia la piedad para con Dios y hacia las cosas celestiales, prefiriendo el catecismo a todos los otros libros” (Decreto de Venerabilidad del 22 de junio de 1972)

El 8 de septiembre de 1898 recibió la primera comunión y el 5 de noviembre del año siguiente la Confirmación. Uno de los sacerdotes que lo conoció, el padre Cesar Ceccoto, afirmó que Ceferino

“(era un) joven de sincera piedad, sencillo, el mejor que yo tuviera en aquellos años felices. Con la mayor devoción y recogimiento se acercaba diariamente a la Santa Comunión y puntualmente cada semana y aun mas a menudo, se confesaba. Nutría especial devoción a Jesus sacramentado, a la Virgen Santísima y a nuestro padre Don Bosco. Durante los recreos se lo veía a menudo en la iglesia, a los pies del tabernaculo o delante de la estatua de la Virgen, en devota oración, y a veces con algun compañero al que solía invitar amablemente. Nunca se le escapaba una palabra de crítica, de murmuración o de resentimiento. Aunque no tuviera una inteligencia extraordinaria, era siempre de los primeros en los examenes. A fuerza de voluntad y de aplicación, lograba igualar y superar a los compañeros dotados de mayor memoria y capacidad. Humilde, mortificado, servicial, le agradaba que le encargasen la limpieza del aula”

Ceferino y sus compañerosLos sacerdotes, de hecho, empezaban a verlo como "un nuevo Domingo Savio" u "otro San Luis Gonzaga". A los 12 años consigue el primer puesto en el certamen anual de catecismo y es simbólicamente coronado “Príncipe de la Doctrina Cristiana” en un acto presidido por el Arzobispo de Buenos Aires. Comenzaba a perfilarse el interés por profundizar en la religión que lo llevaría, al terminar la primaria, a formular su deseo de ser sacerdote para poder volver a la Patagonia y evangelizar a su gente.

Inicialmente la idea no le cayó bien al padre que quería que volviera con él para actuar como secretario y lenguaraz pero finalmente aceptó y en 1903, a los 16 años, Ceferino entró al aspirantado salesiano en el Colegio San Francisco de Sales, en Viedma. La decisión de estudiar en Viedma se debió a su salud, que había empezado a declinar un año antes. Había contraido tuberculosis. Se esperaba que mientras continuaba los estudios, el clima patagónico y los cuidados apropiados podrían mejorar su condición. En esa época conoció al enfermero Artémedes Zatti, quien años después sería también declarado Beato. Zatti y otros que lo frecuentaron en Viedma dejaron testimonio de su amabilidad y actitud servicial que no disminuía aun cuando su salud se deteriorara cada día más. Varias veces su padre intentó convencerlo de volver con él pero Ceferino estaba decidido a volver solamente cuando hubiera terminado sus estudios y, preferentemente, siendo sacerdote.

A pesar de los cuidados, su salud empeoraba. En 1904 se decide llevarlo a Europa, con la idea de que allí podría recibir una mejor atención. Entre agosto y noviembre permanece en Valdocco, en Turín, donde conoce a Miguel Rúa. En Roma fue atendido por el dr. José Laponi, médico personal del Papa Pio X, a quien conoció en una audiencia privada el 27 de septiembre. Ceferino fue toda una curiosidad para los europeos, el “príncipe de la Patagonia” lo llamaban los diarios. A pesar del asombro por la belleza de las ciudades, iglesias y monumentos, nunca olvidó sus tierras patagónicas a las que anhelaba regresar. José Arria, que lo frecuentó en Turín, contó que las conversaciones "fueron siempre sobre la Argentina, tierra que idolatraba". Uno de sus maestros, el padre Zuretti, escribió:

"Quería ser sacerdote para dedicar su vida a sus paisanos (...) Tenía en gran veneración al Santo Evangelio, que él quería difundir un día entre sus contemporáneos (...) Siempre sonriente y con una gran igualdad de carácter siempre la misma calma, la misma dulzura, la misma serena bondad de alma".

Los días en Turín demostraron no ser buenos para su salud, todo lo contrario. Lo trasladan Ceferino en Italianuevamente, esta vez a Villa Sora, en Frascati, donde las cosas no mejoran. A los dolores y molestias de la enfermedad se sumaron las tareas que le impusieron y el menosprecio de sus compañeros que, quizá por miedo a contagiarse, por no hablar bien el italiano o simplemente por ser diferente, lo dejaban de lado. “Los recreos que hago ya no son recreos. Solamente voy al patio a tomar aire. Después siempre solo, sin hablar con ninguno", escribió en una carta. Como si todo esto no fuera suficiente tuvo que dejar los estudios y abandonar definitivamente su sueño de convertirse en sacerdote. Ceferino se abandonó a la voluntad de Dios y a pesar del dolor, la tristeza y la soledad, mantenía su humildad, alegría y actitud servicial. Aunque ya no podía sonreir como antes, “sonreía con los ojos”, “en sus grandes ojos ingenuos y limpios, había una sonrisa luminosa”. Del mismo modo, a pesar de su deterioradísimo estado de salud, se ocupaba de un joven internado en la cama de al lado.

Fue trasladado una última vez a Roma, donde el médico del Papa lo visitaba diariamente en el hospital Fatebenefratelli . Allí murió el 11 de mayo de 1905, a los dieciocho años. Quienes lo acompañaron en ese momento lo describieron "resignado a la santa voluntad de Dios, tranquilo en su alma, pacientísimo y risueño en sus dolores". Se hizo un funeral solemne en la Basílica del Sagrado Corazón y fue sepultado en el cementerio Campo Verano done sus restos permanecieron hasta 1924, cuando fueron repatriados y ubicados en el cementerio de Fortín Mercedes, en la localidad de Pedro Luro (pcia. de Buenos Aires).

Aunque la causa de Beatificación se inició en 1944, en la década de 1930 comenzaron a circular las primeras versiones de la vida y virtudes de Ceferino, semilla de una devoción popular que rápidamente se extenderá por toda Argentina. Para cuando Pablo VI lo declaró Venerable el 22 de junio de 1972 ya existían no solo variedad de estampas y oraciones sino también libros, películas, canciones populares y hasta una biografía en forma de historieta (LINK). El rostro de Ceferino podía encontrase incluso en calendarios y publicidades. LINK CULTURA

En 1991 sus restos fueron trasladados al Santuario de María Auxiliadora en Fortín Mercedes, donde permanecieron hasta agosto de 2009 cuando fueron trasladados a San Ignacio (pcia. de Neuquen), donde se había asentado Manuel Namuncurá con su familia pocos años antes de su muerte en 1908.

El 7 de julio de 2007 el papa Benedicto XVI declara Beato al “Siervo de Dios Ceferino Namuncura”. El 11 de noviembre de ese año, ante más de 100.000 personas se realizó en Chimpay la ceremonia de Beatificación presidida por el enviado papal, cardenal Tarcisio Bertone. Esta fue el resultado de que una junta médica del Vaticano considerara que la curación de Valeria Herrera LINK , una joven Argentina de 24 años afectada por cáncer de útero, en el año 2000 fue un milagro por la intercesión de Ceferino Namuncurá.

Actualmente resta la aprobación de un otro milagro, posterior a la Beatificación, para que Ceferino sea declarado Santo.